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viernes, 23 de enero de 2009

Dalí: a 20 años del adiós V

Salvador Dalí es recordado por toda la magia que rodeaba a su persona, y que expresaba en su trabajo artístico. Como máximo representante del Surrealismo, su obra evoca una realidad alternativa, en la que objetos de uso común se encuentran en situaciones poco usuales, en un mundo recreado con una técnica casi fotográfica, que invita al observador a aceptar el perfecto sentido que tienen la locura y la lógica de lo inexplicable.


Además, lo recordamos, como a pocos de los grandes artistas, como un crítico voraz de la sociedad:
“El payaso no soy yo sino esta sociedad monstruosamente cínica y tan puerilmente inconsciente, que juega al juego de la seriedad para disimular su locura. No lo repetiré bastante: yo no estoy loco. Mi lucidez ha alcanzado un nivel de calidad y de concentración que no existe en este siglo ninguna otra personalidad más heroica y más prodigiosa; excluyendo a Nietzsche (y repito, murió presa de la locura) no se encuentra un equivalente en los otros. Mi pintura es testimonio de ello”.
Sería, tal vez, la supuesta locura que cuadraba inmejorablemente en todos los ámbitos que tocó el artista lo que le valen el reconocimiento como uno de los más grandes, más productivos y más reconocidos internacionalmente. Su persistencia en la memoria del arte, hacen de él un personaje trascendente, no sólo por su magnificencia artística, sino por haber vivido una vida apasionada, sin los atavismos sociales y culturales que subyugan al resto de los mortales.


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jueves, 22 de enero de 2009

Dalí: a 20 años del adiós IV

En las décadas de 1940, 1950 y 1960, Salvador Dalí fue el artista de vanguardia que siempre había sido. A partir de esta época, los temas centrales de su obra eran la religión y la ciencia:
“Cuando supe que un átomo de emulsión holográfica contenía la imagen entera de la tercera dimensión, incontinente, exclamé: ‘¡quiero comérmelo!’ Esto ha asombrado más que de ordinario a todo el mundo, y sobre todo a mi amigo el profesor Dennis Gabor, Premio Nobel de física en 1971. De esa manera, yo podía realizar, al menos en efigie, uno de mis más caros deseos: comer el ser adorado de Gala, ingerir en mí, en mi organismo, unos átomos que contuvieran unas Galas holográficas sonrientes, nadando en el Cabo de Creus”.
Su estancia en Estados Unidos amplió su círculo social, y pronto se convirtió en una figura importante, sobre todo de la elite artística de los años sesenta y setenta. Se le veía con frecuencia en compañía de Andy Warhol y su séquito. Esto contrastaba con la reclusión en Figueras, Cadaques o Cabo Creus de él y Gala, para escapar del mundo exterior. Para 1966 hace la más grande exhibición retrospectiva de un artista viviente en la Galería de Arte Moderno de Nueva York. Dalí, además, creó muchas obras de arte, que pasaron a formar parte de los señores A. Reynolds Morse, un matrimonio de Cleveland, Ohio, que eran sus coleccionistas más voraces.

En un periodo de cuarenta años, los Morse coleccionaron mucho del arte y objetos de Dalí, incluyendo pinturas al óleo, acuarelas, borradores y manuscritos originales. Otros coleccionistas leales y la atención de la prensa pronto trajeron a Dalí la fama y fortuna que siempre quiso.
En 1974 Dalí inauguró su propio Teatro Museo en Figueras. Muchas otras exposiciones retrospectivas internacionales le siguieron durante esa década.

Gala murió en 1982, después de lo cual la salud del artista comenzó a decaer rápidamente. Se quemó severamente en un incendio en 1984, cuando su dormitorio en el castillo de Pubol se incendió. Pasó el resto de sus días en reclusión, en los apartamentos adyacentes al Teatro Museo. Después de una operación de marcapasos en 1986, a Dalí le quedaron pocos días. El 23 de Enero de 1989 murió de fallas cardiacas y complicaciones respiratorias. Sus restos reposan en la cripta del Teatro Museo de Figueras, y su obra pertenece por testamento al Estado Español.


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miércoles, 21 de enero de 2009

Dalí: a 20 años del adiós III

Dalí exhibió varias piezas de arte surrealista a través de Europa por el resto de la década. A fines del decenio de 1930, Dalí se estaba cansando de su estilo, y estaba en busca de un nuevo caudal de pensamiento, emoción y genio. Éste vino a él durante otro importante periodo, en los años de 1940 y 1941. En esta época, el matrimonio Dalí viajó de Francia a Estados Unidos, en un vuelo que había sido reservado y pagado por el mismísimo Pablo Picasso. Además, Gala había convencido al artista de que su “gloria surreal era nada”, y por tanto él tenía nuevas metas que alcanzar.

Dalí expresó su intenso deseo de convertirse al estilo clásico –por la influencia que los renacentistas ejercieron sobre él durante una visita a Italia en 1937–, y pronto abrazó un nuevo conjunto de material, técnica artística y genio. Dalí comenzó a enfocarse en temas más tradicionales, tomando un enfoque más objetivo sobre la anterior perspectiva surreal. Tomó entonces referencias más directas de su educación catalana, del catolicismo de su madre, de la sencillez de la vida en la falda de los Pirineos, desde donde se miran las rocas del Mar Mediterráneo.

Además de la pintura, la producción artística de Dalí incluye la escultura, la ilustración de libros –como La Divina Comedia o La Biblia–, diseño de joyería y el teatro. En colaboración con Luis Buñuel, realizó los primeros filmes surrealistas –Un chien andalou (1929) y L’Age d’or (1939)–, y contribuyó con una secuencia en Spellbound (1945) de Alfred Hitchcock. Además, en el ámbito literario, publicó la novela Rostros Ocultos en 1944 y varios volúmenes de autobiografía, entre los que destaca La vida Secreta de Salvador Dalí (1942).


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martes, 20 de enero de 2009

Dalí: a 20 años del adiós II

Continuando con sus experimentos artísticos, Dalí llamó la atención internacional, cuando su cuadro La Cesta de pan –que actualmente se encuentra en el Museo Salvador Dalí en la colección San Petersburgo–, fue exhibido en 1928 en la Exhibición Internacional Carnegie en Pittsburgh.

El año de 1929 fue determinante en la vida de Dalí por varias razones. En primera, conoció a su futura esposa, Gala Eluard, ese verano, y ambos se enamoraron al instante. Gala se convertiría en la primera musa del pintor, en su amante, representante y compañera por el resto de su vida. El otro evento radical fue su afiliación al Grupo Surrealista de París, fundado por André Bretón. Los surrealistas decían reconocer que la razón y muchos otros formalismos sociales le habían fallado a la humanidad, y que una interpretación más aceptable de la naturaleza de la realidad era necesaria.

Dalí pronto se convirtió en el líder de la corriente surrealista, creando muchos prodigios del arte en medios diversos. Su Persistencia de la Memoria de 1931 es aún una de las piezas surrealistas más reconocidas a nivel mundial. A pesar de haber sido expulsado del Movimiento Surrealista en 1934 – a lo cual respondió diciendo: “¿Surrealismo? ¡Yo soy Surrealismo!”–, supuestamente por su fascinación por Hitler y por la simpatía que le tenía al General Franco, Dalí continuó creando ejemplos supremos de arte surrealista en las décadas siguientes a través de la actividad paranoico crítica. Dalí había tomado la teoría del automatismo de los surrealistas y la había transformado en la Teoría de la Paranoia Crítica, la cual decía que uno debía cultivar la alucinación genuina como en la paranoia clínica, mientras permanecía consciente, muy en lo profundo de la mente, de que el control de la razón y la voluntad había sido voluntaria y deliberadamente suspendido. Para 1935, en La conquista de lo irracional de Ediciones Surrealistas, Dalí define la actividad paranoico crítica como “un método espontáneo del conocimiento irracional basado en la asociación crítico interpretativa del fenómeno delirante”.

También en esta época, Dalí cayó bajo la influencia de otra corriente que influenció profundamente su filosofía y su arte: la Teoría del inconsciente de Sigmund Freud, y sus escritos sobre el significado erótico de las imágenes del inconsciente. Los temas eróticos lo acompañarían toda su vida.

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lunes, 19 de enero de 2009

Dalí: a 20 años del adiós I

Pintor, escultor, artista gráfico y diseñador. Bajo la etiqueta de extravagante y aún loco, es precisamente como se recuerda al genio español Salvador Dalí. De hecho, toda su vida cultivó la excentricidad y el exhibicionismo, de donde provenía todo su genio, según él afirmaba. Quizá una de las anécdotas más recordadas del artista español es el haberse presentado en traje de buzo a la inauguración de la Exhibición Surrealista de Londres en 1936. Su manejo exquisito de la técnica, que en el punto más alto de su carrera se combinaba con las formas delirantes del surrealismo, lo hacen uno de los más grandes artistas de la historia y del siglo XX.

Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domenech nació el 11 de Mayo de 1904, en la provincia de Cataluña, España, en un pequeño pueblecito en la falda de los Pirineos llamado Figueras. Su padre era un reconocido notario, y Dalí pasó muchos de los veranos de su infancia en la casa de verano de la familia en la villa pesquera de Cadaques. En esta época, su familia fomentó sus intereses artísticos, y su padre se encargó de hacerle a su hijo un estudio en la casa de la familia, donde tenía todo lo que necesitaba, y sus primeros trabajos muestran su intensa devoción y amor a esta parte de España. Aunque estas obras tempranas eran de naturaleza impresionista, Dalí comenzó a experimentar con una gran variedad de estilos artísticos desde sus trece años. Su herencia catalana y su educación lo influenciarían a él y a su siempre innovador estilo artístico durante toda su vida. De su temprana educación católica, Dalí recuerda en sus memorias:
“…descubría el cubismo y me apasionaba por Juan Gris a través de los artículos de la revista ‘L’Espirit Nouveau’, a la cual estaba suscrito. Devoraba los libros. Después de asistir a las clases de los Hermanos de las escuelas Cristianas, había entrado en la de los maristas para seguir mis estudios secundarios. Pero al margen del programa, yo leía con pasión a Nietzsche, el Diccionario Filosófico de Voltaire, y sobre todo a Kant, cuyo imperativo categórico me parecía incomprensible y me sumía en profundas reflexiones. Rumiaba mucho tiempo sobre los textos de Spinoza y de Descartes. Acumulaba así buena cantidad de material especulativo y sembraba los gérmenes de reflexión profunda que un día debían constituir la base de mi metodología filosófica”.
En los años de 1920, Dalí ingresó a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Sus experimentos con cubismo le ganaron cierto reconocimiento entre sus compañeros, y en 1925 su padre arregló su primera exposición en Barcelona. En 1926, Dalí fue expulsado de la Escuela: una versión dice que fue por su excéntrico modo de ser. Él recuerda:
“Para contrastar todavía más con mi rostro delgado y oliváceo, llevaba una corbata de lazo. Mi atuendo lo formaba una blusa de marinero y unos pantalones anchos con bandas hasta las rodillas. Una pipa de espuma, cuya cazoleta representaba una cabeza de árabe de amplia sonrisa y una aguja de corbata montada con una moneda griega eran mis adminículos usuales. Mi atuendo causaba sensación y mi talento intrigaba”.
Una segunda versión, sin duda la más verosímil por ser la más estrafalaria, atribuye la expulsión de Dalí a rehusarse a tomar sus exámenes orales finales. Según esta versión, cuando se le pidió hablar sobre el pintor Renacentista Raphael, Dalí dijo que él sabía más del tema que sus examinadores, y se rehusó a completar los requerimientos. Dalí fue expulsado permanentemente y nunca recibió su grado formal en arte.

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