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jueves, 7 de agosto de 2014

Me equivoqué


—Ya no te amo.

Me hubiesen sobresaltado esas palabras de tu boca, en la oscura habitación, esa noche de lluvia y ventarrón, si no las hubiera sentido también en mi corazón. Me di la vuelta en la cama y me dormí. Al día siguiente ya no estabas cuando desperté, supuse que te fuiste para no volver; habías dejado la alianza en el cajón, asumí que ya no querías ser ni estar conmigo nunca más. Hice mi maleta, pero tuve buen cuidado de no guardar nada que me hiciera recordar, hasta dejé al anillo junto al tuyo en el cajón, conociéndote estarán juntos más tiempo que tú y yo. Me fui a la estación a esperar el autobús, esperaba escuchar detrás de mí un “no te vayas” que no llegó, así que abordé, me fui, escapé. Y mientras me alejaba pensaba que tal vez lo dijiste dormido y yo me equivoqué.


viernes, 25 de julio de 2014

Cumpleaños


Cuando volví a verlo, no había envejecido, y yo ya era una anciana respetable: habían pasado cincuenta años desde nuestro último encuentro. Él estaba idéntico a sí mismo: perdido entre los 30 y los 40, las mismas ojeras, el pelo entrecano apenas, un par de arrugas alrededor de los ojos. Sólo la mirada lo delataba. Había visto morir a sus padres, a sus hijos, a los hijos de sus hijos, y como el tiempo siguió desdeñándole, se fue. Se negaba a celebrar sus cumpleaños, y ahí nomás, un buen día, la negativa a dar testimonio del paso del tiempo, hizo que el tiempo en él se detuviera para siempre. Parece un castigo demasiado severo, pero también dicen que bien merecido. Yo lo vi, y vi en su mirada centenaria, aún de niño, que había vuelto a soplar la velita, a dejar que pasara el tiempo, y, al fin, a morir.

Para Rubén, en su cumpleaños.

lunes, 5 de mayo de 2014

Hoy te vi


Hoy pasé otra vez por la plaza de tu pueblo, y por esa banca entre los naranjos en la que te sentabas a hacer la tarea y a soñar, y, tal vez por el calor, tal vez por el cansancio, me pareció verte ahí sentado con un libro entre las manos. ¿A quién estarías esperando? Parecía que llevabas ahí mucho tiempo, tal vez años. ¿Estarías esperándome? No creo, pues a tu vida llegué algo tarde. Te veías como ese muchacho de cabello alborotado y ojos grandes y brillantes que a veces todavía se asoma, ingenuo, cuando compartimos una risa y un cigarrillo. Ese que está ahí debajo de tanto cansancio y tanto tedio. Quise saludar, pero no habría soportado que no me reconocieras: he perdido mi cara de muchacha. Quise parar, pero pasé de largo, porque te veías como un recuerdo, pero uno que no era, que nunca será, mío.

martes, 15 de abril de 2014

No puedes contar una historia de amor

Bleeding Heart by RandomyPurple

No puedes contar una historia de amor sin ensuciarte los dedos, sin ver correr sangre y sin derramar el aliento en cada palabra. Porque en toda historia de amor que se cuenta, la tinta se resiste a quedarse en el papel, y escurre como la tarde del primer beso que hoy es y mañana ya se ha olvidado. Porque en toda historia de amor hay al menos dos heridos de muerte que no vuelven jamás a ser los mismos, y que dejan un sangriento caudal lleno de lágrimas sin suerte. Porque, finalmente, no puedes contar una historia de amor sólo con haberla visto, sin haberla vivido un día, aunque sea de lejos. Y contarla, siempre, siempre, siempre, te roba el aliento, te deja hundido en los suspiros, te llena de deseo o de añoranza y, con el tiempo, te acaba. No puedes contar una historia de amor sin morir poquito.

viernes, 14 de febrero de 2014

Breve y bajito

Dormí poco y mal. Ya es costumbre, la verdad. Me hubiese gustado pensar algo más elocuente, escribir algo como: qué grande es el amor que nos tenemos, que alcanza para cubrir el espacio que nos separa y el tiempo en que no estás aquí conmigo. Pero no. Este café soluble que es y no es tampoco ayuda. Pienso en tus manos, en tu piel, en la emoción de saberme tuya. Pero se me escapan las palabras y no sé cómo decirlo. Tengo frío, tengo calor, tengo sueño, tengo hambre. Pero no te tengo. O sí, pero lejos, que es lo mismo que no tenerte. Y te extraño, parece que desde siempre. Y me acuerdo que te extrañé toda la vida y qué bonito es ahora amarte y tenerte. Pero ya no sé cómo decirlo bonito. Ya no sé hacer versos ni poemas. Sólo recuerdo decirlo breve y bajito: te amo.

domingo, 9 de febrero de 2014

Hoy


Pronuncio tu nombre inevitable
y se llena mi boca de recuerdos,
mi voz no alcanza más tu oído,
te llamo amor, y el silencio rompe mis latidos.
En esta noche blanca y fría tan lejana
busca mi mano vana tu cariño,
el frío me roba la alegría
y me parte el alma pensar que ya te has ido.
Quisiera prenderle fuego a las estrellas,
que ardan una por una hasta acabarse,
y un camino de humo guíe tus pasos
de nuevo hasta que mi mano alcances.
Hoy duermo el sueño del hastío,
se resigna mi piel a no encontrarte,
tal vez mañana el cielo no me deje,
tal vez un día podré abrazarte.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Cuando te vayas


Te abrazo mucho,
para que quede en mi piel
tu aroma a mi hogar y mi patria
cuando te hayas ido.

Te miro mucho,
para tener en mis pupilas
tu andar pausado
cuando ya no camines tomando mi mano.

Te beso mucho,
para guardar en mi corazón
tu aliento de paz y de batalla
cuando me dejes un vacío entre el pecho y la espalda.

martes, 12 de noviembre de 2013

Doce motivos, amor, doce

Que te late el corazón en otro cuerpo.
Que te miras nuevo, de nuevo.
Que suspiras sin darte cuenta del motivo.
Que por alguna razón quieres abrazar al mundo con la mirada.
Que pierdes el tiempo pensando en lo bonito de ayer y de mañana.
Que duermes con una mano entre sus manos.
Que sabes lo que va a decir cuando sólo lo está pensando.
Que te vuelves a enamorar cuando se ríe.
Que la música cuenta historias de nosotros.
Que nosotros es verbo y es presente.
Que nos reencontramos en cada silencio.
Que eres mi hogar, mi casa.

lunes, 13 de mayo de 2013

Sentada en la oscuridad


Me duele la espalda y no encuentro cómo amoldar mi cuerpo a la forma de la silla, pero no dejo que la incomodidad me distraiga. Pienso que sé que estoy pensándote, y así se va cualquier otra idea o sensación. Te pienso así, pequeña y anidando en mi vientre. Siento que te mueves: tampoco pareces encontrar una posición cómoda. Pienso en lo que falta para que estés aquí: por un momento me asusto. No te imaginé, pero te soñaba; te deseé tanto que no creí que llegarías. Tampoco pensé que sería ahora ni así, pero supongo que desde ya haces lo que tienes que hacer y no lo que yo quiero. Pienso que no tuve que enseñarte nada para que crecieras así: tú solita lo sabías. Te mueves como asintiendo y sé que, tristemente, vas, vamos a olvidarlo demasiado pronto y yo trataré de enseñarte esas cosas que no sé.

domingo, 17 de marzo de 2013

Quizá

23 semanas.

Quizá cuando te tenga en mis brazos, y te llene la cara de besos, y te enseñe a atarte las cintas de los tenis y a pintarte las uñas, y te dé a probar por primera vez el dulce de leche y mires por primera vez la lluvia, y caminemos juntas tomándonos las manos, y cantemos canciones de los Beatles, y me ayudes a hacer galletas, y te lea cuentos hasta que te quedes dormida, pensaré, un poquito con nostalgia, un poquito con alegría, en este tiempo que te tengo más cerca que mi piel, en la forma en que te mueves cuando me escuchas hablarte, en el nido que te has hecho dentro de mí, en el preparar tu llegada, en las ganas que tengo de verte, y hacer todas esas cosas que haremos juntas. Y es que también esperarte, aunque ya me come la impaciencia, es una delicia.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Un día bonito





¡Tuvimos un día tan bonito! Caminamos hasta el centro tarareando una canción, por ese camino que llega hasta un parque desde el que se puede ver toda la ciudad. A mi mamá le gusta ese camino porque podemos escuchar el canto de los pajaritos y huele a flores. A mi mamá le gusta Jujuy porque hay muchos árboles y es verde, verde. Es bonito. ¡Ya quiero verlo! Había un lindo sol, y caminamos un rato en las tiendas: sábanas, almohaditas, lámparas y conejitas. Luego nos comimos un helado: ¡coco y chocolate! Nos sentamos en la peatonal un ratito, y mi mamá sintió mis pataditas. ¡Ya sabe que le contesto cuando la escucho llamarme “Conejita”! Después, mi mamá me compró mis primeros zapatos: son tan lindos, ¡ya quiero estrenarlos! Fue un día tan bonito. Mi mamá dice que la vida es así: días bonitos que pasan tranquilos, caminando bajo el sol.

miércoles, 20 de febrero de 2013

La mitad

Amelia, de 19 semanas.

Dice mi mamá que ya falta la mitad. Los días pasan tranquilos. Sigo siendo pequeña, muy pequeña, pero igual mi mamá y yo ya no cabemos en sus pantalones. Muevo mis manitas y estiro mis patitas y ya soy suficientemente grande para que mi mamá sienta cosas raras. Mis huesos se sienten más firmes y ya tengo cejas y uñitas. Mi mamá me canta y escuchamos música, y también duerme mucho. También toca el violín y me pregunta que si me gusta, y sí me gusta. A veces vamos a caminar o hacemos yoga y nos estiramos. También escucho la voz de mi papá y cómo hace reír a mi mamá. Me gusta escuchar sus risas. Escucho toda clase de cosas desde aquí, como el corazón de mi mamá y los ruiditos de sus tripas. Ya falta sólo la mitad. Ya quiero conocer a mi mamá y a mi papá.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Sólo una vez


Yo creo que la gente ama sólo una vez. El resto de las veces son un simulacro, un intento incompleto, acaso inconcluso, pero en todo caso, fallido. Como cuando E. se creyó enamorado de mí. No me dijo nada, porque ya era demasiado tarde y yo había tomado el vuelo a Buenos Aires, esta vez para no volver. E. me escribía cartas desesperadas. No me pedía que volviera, pero ocultaba sus anhelos en frases hechas y chismes de antiguos colegas. “Te deseo mucha felicidad”. “A V. lo echaron del trabajo”. Para E. era fácil deslizar en el papel aquellas palabras porque en realidad no me amaba, ni me amó nunca, y ni aunque volviésemos a encontrarnos, me amaría. E. ya tuvo su oportunidad: una vez hace mucho tiempo, le rompieron el corazón. Conmigo quiere redimirse, pero es imposible. Yo amo a otro, y él ya no puede volver a amar.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Pensé en ti


A la sombra de un lapacho, otra vez pensé en ti.
El rosado de sus flores se subió hasta mis mejillas,
y en mis labios su perfume me hizo evocar tu aliento,
y sus ramas al viento fueron tus brazos abiertos.

Sentada en la banca del parque, otra vez pensé en ti.
Las palomas al vuelo acariciaban el aire,
y sentí tu caricia y tus manos en el viento,
y suspiré enamorada otra vez, por un momento.

Bajo el sol de plaza, otra vez pensé en ti.
Tan lejos de todo lo que un día llamé casa,
y te miré entonces doblando la esquina,
y supe que hogar para mí no hay sin ti.

jueves, 11 de octubre de 2012

El tendedero


Estábamos afuera, en el patio. Hacía rato que era de noche. El viento jugaba con las sogas del tendedero, y los broches, como si fuesen pajaritos de colores juguetones, se columpiaban en ellas. Empezaste a ordenarlas, más bien distraídamente: por tamaño, por forma y por color.

—Me recordaste a Benedetti.
—¿Qué de Benedetti?
—“Rostro de vos” —dije. Añadí —“tengo una soledad tan concurrida…”, ¿cómo es que la ordenaba?
—¿Vos tenés soledad?
—No —mentí, —Sólo que verte ordenando los broches me recordó a Benedetti.

Bajo el brillo del sol, los broches en el tendedero siguen pareciendo pajaritos que están a punto de alzar el vuelo. Ya están desordenados de nuevo. Ahora estoy de nuevo afuera, mirándolos. Sigo preguntando al tendedero cómo es que se ordenaba aquella soledad. ¿Por nombre? ¿Por color? Ya no me acuerdo: el libro se ha perdido o se ha quedado muy lejos. No puedo ordenar mi soledad.

Con cariño, para @evagraciela

miércoles, 3 de octubre de 2012

Todo lo que no


Ese primer beso que no dio para un segundo. Esas manos que nunca se atrevieron a tomar las mías. Ese adiós que fue aunque no. El silencio que no escuché. Las palabras que no grité. Los besos que me negaron. Los “sí pero no”. Esa tarde caminando bajo las farolas que no se repitió. El abrazo que no quería ser el último. La espera que no era. El ramo de rosas que nunca llegó. Los talvez que fueron nunca. El viaje alrededor del mundo que nunca ocurrió. Las palabras que no eran suyas. Las lágrimas que no lloré por orgullo, y el orgullo que no supe perder a tiempo. El tren que no esperé. Todo lo que salió mal, a fin de cuentas, salió bien. Todo lo que no que es sí porque todos ya fueron. Todo para que tú y yo fuésemos el sí que hoy somos y seremos.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Si yo fuera

Si yo fuera tinta, sería indeleble.
Ni con lágrimas sobre el papel,
ni con tiempo, ni en silencio
podrías callarme.

Si yo fuera indeleble, sería inolvidable.
Tal vez no sería mi nombre,
ni en mi nombre, pero
tendrías que pensarme.

Si yo fuera inolvidable, te arrepentirías.
Recordarías las lágrimas,
y la distancia, el dolor
habría de matarte.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Pensé

Sad window, sad view, Jan Worden.

Pensé que pasaban las horas sólo porque seguía sola y no estabas aquí. Pensé que quizás el tiempo no pasa si lo paso pensando en ti. Pensé que tal vez pensabas que no te extraño ni te necesito. Pensé que no sé qué piensas. Nunca lo has dicho. Pensé que no llevamos en realidad mucho tiempo juntos. En realidad lo que importa no es el tiempo, pienso, sino lo que compartimos. Pensé que tenemos en común las palabras. En realidad sólo algunas, pienso, porque de tu “venís” a mi “vienes” hay un mundo de diferencia. Pensé que a pesar de esa diferencia, compartimos cosas. La música, el silencio, el pan y, sí, la prosa. Pensé que somos compañeros de las palabras y las cosas. Hay palabras que nos distancian, pienso, pero hay otras que nos juntan. Pensé, después de todo, que “te amo” aquí y allá es la misma cosa.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Vamos a ser poesía


Te leo de día,
para encontrarte,
para sentirte
tomando mi mano,
para recordarme como siempre fui: tuya.

Te escribo de día,
para que calles,
para que me sientas
cerca de tu pecho,
para que me escuches con la piel y las manos.

Te leo de noche,
para dormirme,
para no dejar de imaginarte
esos ojos de sol,
para soñarte como si fueras mío.

Te escribo de noche,
para que me sueñes,
para que despiertes
con mi nombre en los labios,
para que amanezca mi risa en la luz de tu ventana.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Me hubiese gustado


Me hubiese gustado llegar a esa cita que tenías con la luna. Mirarte sentado en el tejado, con el gato negro en el regazo, y sin hacer ruido acercarme despacio. Me hubiese gustado estar ahí, en silencio, mientras tú y el gato le cantaban a la luna. Fumarme un cigarrillo y escuchar lo que nunca pudiste decir. Me hubiese gustado estirar la mano lo suficiente para rozar la tuya. Sentir la tibieza de tu piel y que supieras que yo también. También te esperaba. También te extrañaba antes de conocerte. También estaba pendiente de tus parpadeos. Me hubiese gustado romper el espejo con mis manos. Mirar las cicatrices y amar las heridas. Hacerte saber que sabía que eras tú y era yo, de otra manera. Me hubiese gustado encender la luz de tu mirada. Y es que la luz al final del túnel es la de tus ojos. Todavía. Siempre.