viernes, 31 de octubre de 2008

A la orilla de la chimenea

"Me falta valor para atarte a mi cama"... wow! Mi favorita, de ese majo oriundo de Jaen, aquí interpretado por otro consentido: Serrat.

jueves, 30 de octubre de 2008

Uno para las orejas

Hace poco, una amiga se quejaba de lo mucho que se le infectan los lóbulos de las orejas con los aretes, al punto de que había casi renunciado a usarlos.


Si bien los aretes que tienen baño de oro suelen ser hipoalergénicos, no siempre son los aretes más bonitos, ni los más in. Una opción para no despedirse de estos indispensables accesorios femeninos es lo siguiente: antes de usarlos, barniza los ganchillos con esmalte de uñas transparente. Eso suele resolver el problema.

¡Pero si ya de plano ni con eso, la mejor opción será un collar grandote y llamativo y un buen corte de pelo!

martes, 28 de octubre de 2008

Burn after reading

Lo tengo que confesar: aunque los hermanos Ethan y Joel Coen se llevaron el Óscar por No Country for Old Men, la película me dejó con un mal sabor de boca. Debo confesar también que, escéptica y todo, me lancé a ver su nueva creación, Burn After Reading, una comedia fuera de serie que tenía en el elenco nada menos que a George Clooney, Frances McDormand, John Malkovich, Brad Pitt y Tilda Swinton. Con semejante reparto, había que verla.

Y valió la pena. La historia se me antoja una burla descarada a todos los "teóricos conspirativos" que siembre andan buscando tres pies al gato, elucubrando conspiraciones complicadísimas que fraguan, especialmente, el gobierno de Estados Unidos en contra de quien se pueda, con los fines que a-ustedes-más-les-gusten. Pues bien: en esta comedia, son ciudadanos totalmente X haciendo cosas que tienen más que ver con las particulares banalidades de seres humanos comunes y corrientes, los que ponen a la CIA a tratar de elucidar una complicadísima trama de espionaje, muerte e intriga, todo para concluir que "no hay que volver a hacerlo... si tan sólo supiéramos qué hicimos".

Excelente. Una sensacional manera de ponerle buena cara a la semana. Cinco palomitas.

miércoles, 22 de octubre de 2008

lunes, 20 de octubre de 2008

¿Cómo escribir una escena erótica?

"Con placer de entregarse al lenguaje", señaló Pedro Mairal, escritor bonaerense que con cierto humor rayano en la vergüenza, pero con candor y un estilo picoso, compartió algunos de sus textos eróticos dentro de esta conferencia celebrada ayer por la noche, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Monterrey.

A la luz de algunos de sus textos, que pueden encontrarse en el blog El Señor de Abajo, el simpático escritor nos compartió dos reflexiones sobre el relato erótico: la primera, que no hay una fórmula; la segunda, que las palabras tienen, por fuerza, la carga significativa de su lengua madre.

Al referirse a la primera reflexión, Mairal parece revelar una obviedad: lo que a unos puede parecerles tremendamente excitante, para otros no representa nada. "Es como cuando acabas de comer y alguien llega a hablarte de comida. Por supuesto, no te provoca nada", y viceversa. Bien dice el dicho: "el que hambre tiene...". De ahí que el relato erótico es tal sólo en tanto resulta así para quien lo lee.

Por otra parte, el uso de las palabras es fundamental, y aquí parece que la barrera del lenguaje se antoja infranqueable, aún para una Iberoamérica que lo mismo coje, folla, fornica o tira, y sin embargo, parece que no es lo mismo. En palabras del propio autor:
Las mujeres argentinas tienen orto, las colombianas jopo, las brasileras bunda, las mexicanas bote, las peruanas tarro, las cubanas nevera o fambeco, las chilenas tienen poto.
Y esas diferencias, ya en un texto erótico, o despiertan la imaginación o provocan la risa del desencanto.

Una última observación de Mairal que me pareció de lo más oportuna fue la siguiente: para las mujeres, el sexo empieza antes de sacarse la ropa. ¿Será entonces que el romanticismo aguamielero es una perversión de nuestros instintos carnales?

Por cierto, les recomiendo la serie En la cancha se ven los pingos, que aparece en el blog de Pedro. ¡Para morirse de la risa!

jueves, 16 de octubre de 2008

Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

Mario Benedetti

miércoles, 15 de octubre de 2008

El llamado de la selva

Hay dos mundos dentro de mí: uno que responde al llamado de la selva; otro que reacciona muy favorablemente ante las posibilidades de la media. Obviamente, son mundos en perfecto conflicto; su relación dialéctica, de terminar en algún punto, acaba en una síntesis que sólo Dios sabe en qué consiste.

Cuando escucho los tambores del llamado de la selva, las consecuencias pueden ser variables: desde caminar descalza por la calle en medio de la lluvia, hasta meterme a nadar al mar en medio de una tormenta. He ahí una coincidencia: la lluvia, el repiquetear de las gotas de agua sobre los tejados, sobre el suelo, son per se el llamado de la selva. Quizá convendría vivir en el desierto.

El mundo de la media busca siempre entrar en el común denominador: me hace muy feliz ir de compras, como a la mayoría de las mujeres. Me hace feliz cocinar, tomar un café con un amigo, platicar. Llevar una vida sin complicaciones ni sorpresas.

Cuando los dos mundos encuentran el justo centro entre la locura y la media, todo marcha bien. Es decir, podemos las dos salir a un bar con los amigos, cotorrear y bailar alocadamente. Estás como caballo desbocado, en un contexto poco fuera de lo ordinario.

Cuando, por lo contrario, nos enfrentamos todas contra todas, las cosas dejan de salir bien. El llamado de la selva me provoca gastritis al ver que cada día es igual al anterior. La parte de mí que busca entrar a la media, se pone amarilla de coraje cuando, de la nada, me pasan toda clase de cosas, que de manera abrupta e inesperada, retan mis nervios y me lanzan a la imprudencia.

No siempre es bueno vivir al filo de la navaja.