viernes, 14 de febrero de 2014

Breve y bajito

Dormí poco y mal. Ya es costumbre, la verdad. Me hubiese gustado pensar algo más elocuente, escribir algo como: qué grande es el amor que nos tenemos, que alcanza para cubrir el espacio que nos separa y el tiempo en que no estás aquí conmigo. Pero no. Este café soluble que es y no es tampoco ayuda. Pienso en tus manos, en tu piel, en la emoción de saberme tuya. Pero se me escapan las palabras y no sé cómo decirlo. Tengo frío, tengo calor, tengo sueño, tengo hambre. Pero no te tengo. O sí, pero lejos, que es lo mismo que no tenerte. Y te extraño, parece que desde siempre. Y me acuerdo que te extrañé toda la vida y qué bonito es ahora amarte y tenerte. Pero ya no sé cómo decirlo bonito. Ya no sé hacer versos ni poemas. Sólo recuerdo decirlo breve y bajito: te amo.

domingo, 9 de febrero de 2014

Hoy


Pronuncio tu nombre inevitable
y se llena mi boca de recuerdos,
mi voz no alcanza más tu oído,
te llamo amor, y el silencio rompe mis latidos.
En esta noche blanca y fría tan lejana
busca mi mano vana tu cariño,
el frío me roba la alegría
y me parte el alma pensar que ya te has ido.
Quisiera prenderle fuego a las estrellas,
que ardan una por una hasta acabarse,
y un camino de humo guíe tus pasos
de nuevo hasta que mi mano alcances.
Hoy duermo el sueño del hastío,
se resigna mi piel a no encontrarte,
tal vez mañana el cielo no me deje,
tal vez un día podré abrazarte.

miércoles, 8 de enero de 2014

Sobre el río

Puente sobre el río Chippewa, Eau Claire, WI, EEUU.
Debe haber sido enero, pero tal vez era marzo, porque hace años el clima ya no dice en qué momento estoy del año. Hacía frío, muchos grados bajo cero, vaya usted a saber cuántos, porque luego de menos cuatro el termómetro dice una cosa y uno siente igual de helado. Yo volvía por el puente al campus: debía cruzar el río Chippewa para volver a mi cuarto. Ya estaba oscuro y, como dije, helado, aunque un par de jarras de cerveza engañaban al tacto. Quizá no sólo al tacto: allá, a lo lejos, al final del puente, bajo la tenue luz de un faro, vi a una chica que saltó al río helado. No sé si corrí tras ella o si dejé que me convencieran el frío y la cerveza, pero recuerdo verla, y luego no recuerdo nada. Quizá nadie se dio cuenta. Quizá si lo olvidé, no está muerta.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Cuando te vayas


Te abrazo mucho,
para que quede en mi piel
tu aroma a mi hogar y mi patria
cuando te hayas ido.

Te miro mucho,
para tener en mis pupilas
tu andar pausado
cuando ya no camines tomando mi mano.

Te beso mucho,
para guardar en mi corazón
tu aliento de paz y de batalla
cuando me dejes un vacío entre el pecho y la espalda.

martes, 12 de noviembre de 2013

Doce motivos, amor, doce

Que te late el corazón en otro cuerpo.
Que te miras nuevo, de nuevo.
Que suspiras sin darte cuenta del motivo.
Que por alguna razón quieres abrazar al mundo con la mirada.
Que pierdes el tiempo pensando en lo bonito de ayer y de mañana.
Que duermes con una mano entre sus manos.
Que sabes lo que va a decir cuando sólo lo está pensando.
Que te vuelves a enamorar cuando se ríe.
Que la música cuenta historias de nosotros.
Que nosotros es verbo y es presente.
Que nos reencontramos en cada silencio.
Que eres mi hogar, mi casa.

martes, 5 de noviembre de 2013

Un recuerdo

Fue hace dos años, pero pudo haber sido hace dos semanas o dos días, quizá porque no fue tan extraordinario. Recorríamos un camino de tierra de colores, mirando cerros pintados de azules, amarillos y rojos, un vivo paisaje bajo un cielo azul y un sol que caía a plomo. Tú viste, entre las piedras y el polvo, un muñequito: un oso. “Para la Conejita”, dijiste, o dije yo, ya no recuerdo, quizá no sea importante. Lo guardé. Nos tomaron esa fotografía unos extraños, amigos por dos segundos y un click de cámara con que captaron nuestra alegría. Yo puse el osito junto a la fotografía. Siguen ahí, juntos. Y la Conejita al fin llegó y ese muñequito, esa primer sospecha de su existencia, la espera para cuando pueda tomarlo con sus manitas y, quizá en ese mismo paisaje, en esa misma tierra, escuche esta historia de amor y fe ciega.

jueves, 31 de octubre de 2013

El amor arruina


El amor no termina. Si terminara, sería como un río que brota en alguna parte y luego se pierde en el mar, sólo que un día dejó de brotar, cesó su cauce, agotó su viaje al fondo del océano. El amor no es así, no empieza un día y termina el otro, si así lo crees no entiendes nada. El amor se arruina. Se echa a perder, como las manzanas del frutero una tarde calurosa de primavera. Sí, el amor se arruina. Por eso te deja en ruinas, como si fueses un pueblo devastado, con casas derruidas y calles desoladas y polvorientas. El amor se arruina y te arruinas tú con él. Quedas como un cenicero lleno de colillas, afeando cualquier rincón, cualquier paisaje. Pero si se arruina, y no te arruinas tú con él, si no te destruye, si no te vuelve escombros y cenizas, entonces no era amor.

martes, 15 de octubre de 2013

Donde las palabras temen ser

Solía decir todo lo que pensaba, y sentía todo lo que decía, hasta que, qué ironía, la palabra dicha fue dejando heridas repartidas. Heridas en mis manos, que ya no podían asirse a los sueños que una vez las animaron. Heridas en mis pies, que ya no podían andar las sendas inexploradas del deseo. Heridas en mi cabeza, que ya no era capaz de imaginar otros mundos y otras imposibilidades. Heridas en mi corazón, que ya no amaba. Entonces mis manos agarraron lo cotidiano, mis pies caminaron por andar aunque sin rumbo, dejé de imaginar y ya no sentía nada. Entonces ya nunca más dije lo que pensaba, sospecho ahora que en realidad nadie lo dice nunca. Ahora floto sobre la inercia de la vida en un silencioso y dolorido “quizás”. Ahora todo lo que siento se pierde en el abismo de lo no dicho, donde las palabras temen ser.