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viernes, 16 de enero de 2015

Amar duele



Amar duele. Como cuando platicamos y hablamos y cantamos hasta que nos arde la garganta. O como esas veces que reímos sin motivo, y reímos tanto y tanto que nos lastima la barriga y nos duelen los cachetes. O esas veces que salimos a pasear y caminamos y corremos y jugamos hasta que los pies nos duelen. Amar duele. Sí que duele, duele cuando comemos galletas y nos duele la panza, pero qué ricas y cómo las disfrutamos. Duele cuando nos emocionamos tanto que aplaudimos tanto y tan fuerte, tantas veces, que las palmas nos arden. Duele cuando estamos tan contentas que el día no nos alcanza y nos duelen y nos pesan los párpados pero no queremos acostarnos. Duele cuando nos abrazamos estrujando. Amar duele, duele cuando por las noches nos dormimos apretándonos fuerte las manos. Sí que duele, hijita mía, duele. Amar duele, pero sólo así lo disfrutamos.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Mi pequeña


Mi pequeña, que ayer apenas me miraba desde su quietud, que sólo sonreía y parecía decirlo todo con la mirada de sus enormes y bellos ojos, que andaba pegada a mi cuerpo y sin mí no salía, puso sus dos piececitos sobre el suelo, se aferró con su manita a mi mano, y riendo a carcajadas y gritando de emoción, dio sus primeros pasos, en el parque de esa plaza en donde ha crecido tanto, entre esos árboles que ya conocen nuestros juegos y nuestros cantos, donde está ese columpio blanco en donde siempre nos mecemos largos ratos. Mi pequeña sigue siendo pequeña, sigue necesitando mi mano, mis mimos y mis cantos, pero ya sabe que bajo sus pies chiquitos se va haciendo su camino, ya se dio cuenta de que tiene su propia risa y su propia voz, y ahora sabe cómo y de qué se trata vivir feliz.

martes, 5 de noviembre de 2013

Un recuerdo

Fue hace dos años, pero pudo haber sido hace dos semanas o dos días, quizá porque no fue tan extraordinario. Recorríamos un camino de tierra de colores, mirando cerros pintados de azules, amarillos y rojos, un vivo paisaje bajo un cielo azul y un sol que caía a plomo. Tú viste, entre las piedras y el polvo, un muñequito: un oso. “Para la Conejita”, dijiste, o dije yo, ya no recuerdo, quizá no sea importante. Lo guardé. Nos tomaron esa fotografía unos extraños, amigos por dos segundos y un click de cámara con que captaron nuestra alegría. Yo puse el osito junto a la fotografía. Siguen ahí, juntos. Y la Conejita al fin llegó y ese muñequito, esa primer sospecha de su existencia, la espera para cuando pueda tomarlo con sus manitas y, quizá en ese mismo paisaje, en esa misma tierra, escuche esta historia de amor y fe ciega.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Diez semanas

Amelia, 10 semanas de vida.

Tal vez nadie te hablará de este tiempo, de la mezcla dulceamarga de dolor y de alegría que trajo tu llegada, de tus enormes ojos mirando todo interesada, de tus manitas frías y el calor de tu cuerpecito claro. Nadie podrá contarte del sonido de tu llanto fuerte, alerta, lleno de vida y de esperanza, de tus primeras sonrisas y la felicidad que crearon, de tu dulce mirada y tu suave tacto. Nadie te dirá de qué manera fuiste amada en cada caricia, en cada arrullo, en cada intento de consolar tu llanto. Quizá nadie te hablará de cómo en tus ojos me vi nueva. Sólo yo te lo diré en cada abrazo, en cada beso, cada vez que tomes mi mano, cuando riamos juntas y des tus primeros pasos, cuando cuide tu fiebre y consuele tu llanto. Sólo yo que soy tu madre y te amo tanto.

lunes, 13 de mayo de 2013

Sentada en la oscuridad


Me duele la espalda y no encuentro cómo amoldar mi cuerpo a la forma de la silla, pero no dejo que la incomodidad me distraiga. Pienso que sé que estoy pensándote, y así se va cualquier otra idea o sensación. Te pienso así, pequeña y anidando en mi vientre. Siento que te mueves: tampoco pareces encontrar una posición cómoda. Pienso en lo que falta para que estés aquí: por un momento me asusto. No te imaginé, pero te soñaba; te deseé tanto que no creí que llegarías. Tampoco pensé que sería ahora ni así, pero supongo que desde ya haces lo que tienes que hacer y no lo que yo quiero. Pienso que no tuve que enseñarte nada para que crecieras así: tú solita lo sabías. Te mueves como asintiendo y sé que, tristemente, vas, vamos a olvidarlo demasiado pronto y yo trataré de enseñarte esas cosas que no sé.

domingo, 17 de marzo de 2013

Quizá

23 semanas.

Quizá cuando te tenga en mis brazos, y te llene la cara de besos, y te enseñe a atarte las cintas de los tenis y a pintarte las uñas, y te dé a probar por primera vez el dulce de leche y mires por primera vez la lluvia, y caminemos juntas tomándonos las manos, y cantemos canciones de los Beatles, y me ayudes a hacer galletas, y te lea cuentos hasta que te quedes dormida, pensaré, un poquito con nostalgia, un poquito con alegría, en este tiempo que te tengo más cerca que mi piel, en la forma en que te mueves cuando me escuchas hablarte, en el nido que te has hecho dentro de mí, en el preparar tu llegada, en las ganas que tengo de verte, y hacer todas esas cosas que haremos juntas. Y es que también esperarte, aunque ya me come la impaciencia, es una delicia.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Un día bonito





¡Tuvimos un día tan bonito! Caminamos hasta el centro tarareando una canción, por ese camino que llega hasta un parque desde el que se puede ver toda la ciudad. A mi mamá le gusta ese camino porque podemos escuchar el canto de los pajaritos y huele a flores. A mi mamá le gusta Jujuy porque hay muchos árboles y es verde, verde. Es bonito. ¡Ya quiero verlo! Había un lindo sol, y caminamos un rato en las tiendas: sábanas, almohaditas, lámparas y conejitas. Luego nos comimos un helado: ¡coco y chocolate! Nos sentamos en la peatonal un ratito, y mi mamá sintió mis pataditas. ¡Ya sabe que le contesto cuando la escucho llamarme “Conejita”! Después, mi mamá me compró mis primeros zapatos: son tan lindos, ¡ya quiero estrenarlos! Fue un día tan bonito. Mi mamá dice que la vida es así: días bonitos que pasan tranquilos, caminando bajo el sol.

miércoles, 20 de febrero de 2013

La mitad

Amelia, de 19 semanas.

Dice mi mamá que ya falta la mitad. Los días pasan tranquilos. Sigo siendo pequeña, muy pequeña, pero igual mi mamá y yo ya no cabemos en sus pantalones. Muevo mis manitas y estiro mis patitas y ya soy suficientemente grande para que mi mamá sienta cosas raras. Mis huesos se sienten más firmes y ya tengo cejas y uñitas. Mi mamá me canta y escuchamos música, y también duerme mucho. También toca el violín y me pregunta que si me gusta, y sí me gusta. A veces vamos a caminar o hacemos yoga y nos estiramos. También escucho la voz de mi papá y cómo hace reír a mi mamá. Me gusta escuchar sus risas. Escucho toda clase de cosas desde aquí, como el corazón de mi mamá y los ruiditos de sus tripas. Ya falta sólo la mitad. Ya quiero conocer a mi mamá y a mi papá.