domingo, 1 de abril de 2012

Un anciano cualquiera

Cualquiera diría que es un anciano cualquiera. Es un anciano cualquiera, sentado en la banca del parque, alimentando con migas de añoranza sus recuerdos. Como las palomas, una tarde cualquiera, salen del fondo de su memoria y vuelan ante sus ojos, mientras él, muy quieto y muy callado, los mira. De pronto pasa ante su mirada una piel suave y blanca. Una que sus manos solían saber de memoria. Recuerda esa piel que era tan suya como si fuera propia, esas pecas que sus labios besaron hasta el cansancio. Recuerda entonces que esa piel tenía el rostro que más había amado, y un par de amadas manos blancas que tantas veces había estrechado. Recuerda entonces todos los años que habían arrollado a aquellas manos. Las recuerda viejas y manchadas, inertes y muertas. Unas lágrimas después, ya no quiso más que recordar que tal vez ella lo esperaba del otro lado.