miércoles, 19 de septiembre de 2012

Terremoto 1985


Recordamos el Terremoto de 1985 en Ciudad de México, no para revivir la tragedia, sino para darnos cuenta de que podemos vernos a los ojos y reconocernos como uno.

Le he preguntado a mucha gente qué es lo que vió, qué es lo que vivió. Lo viven otra vez conmigo. Lo más significativo que me cuentan es el silencio. Y luego los edificios cayendo, los vidrios rotos, los gritos y llantos.

Un tío fue brigadista en el Centro. Dice que aquello apestaba a muerto y a tristeza. Cuenta que a mucha gente no la pudieron sacar. Se la llevaron entre los escombros.

Un compañero de trabajo de mi tía tuvo que ir al Parque del IMSS a buscar a su familia. Cuenta que el Parque estaba lleno de cadáveres, en las gradas, en todas partes. Miles de cuerpos en bolsas, esperando.

Mi tía abuela iba en su coche a dejar a su hija al Cultural. Iban tarde. Sobre el puente de Taxqueña y Tlalpan, ahí les tocó el primer sismo. Les tocó ver como un hotel se desplomaba sobre la escuela. Muchas niñas perdieron la vida.

Mi tío iba a su oficina circulando por viaducto, viendo cómo se desplomaban los edificios en la Colonia Roma.

Mi tía vivía en el 7o entrepiso de un edificio junto al Viaducto, del lado donde casi no pasó nada. Los vidríos se quebraban, no podían bajar, todo brincaba, cuenta que era impresionante. No supieron qué estaba pasando, hasta que lograron llegar a Coapa a casa de mi abuela y escucharon el radio. Mi tío se fue a su oficina en la Del Valle, para organizar una brigada de ayuda.

Una amiga de mi tía se unió a las labores de rescate en la Roma, buscando también a sus tíos. Encontraron a su tía y sus primas; su tío murió de un infarto. Pese al dolor, se quedaron a tratar de ayudar a más.


Ese día no hubo héroes anónimos: los héroes fueron nuestros padres, nuestros amigos, nuestros vecinos.


Otro tío iba a trabajar en metro al Centro. Cuando acabó el sismo, los dejaron bajar, y se ofrecieron camiones para llevarlos. Los camiones no pudieron pasar. La gente se bajó para ir caminando, desde General Anaya hacia el Centro. Nadie sabía qué estaba pasando, hasta que recorrían Tlalpan a la altura de Portales, se dieron cuenta de la magnitud de la tragedia. Él se puso a buscar un teléfono para asegurarse de que mi tía estaba bien. Luego, fue a tratar de ayudar, pero no los dejaban pasar.

Un conocido de mi madre se fue de voluntario. Estuvo trabajando en un edificio que recuerda particularmente. Encontraron a una familia. Habían muerto. El padre los abrazaba a todos. Fue triste y conmovedor.

La hermana de mi abuelo vivía en Coyoacán. Miraba por la ventana cómo el edifico frente ella se desmoronaba. No hubo sobrevivientes.

Mi papá tuvo un colega que pasó muchos días enterrado bajo un CONALEP. Cuando había temblores, se aferraba a una columna, gritando aterrorizado, como mucha gente que vivió el Terremoto.


¿De veras se necesita una tragedia para hacernos ser héroes de nosotros mismos?


Una amiga de mi madre iba en el metro. Dice que se movía como un gusano, no había de qué agarrarse. Cuando se detuvo finalmente, pudieron bajar y caminaron por las vías hasta que llegaron a una salida de emergencia.

Mi tía abuela era enfermera en el Centro Médico. Se quedó colgada de una escalera cuando todo se vino abajo. Cuando lograron bajarla, la enviaron a atender a los heridos que sacaban del metro. Ni tiempo para reponerse del shock. Dice que del metro salían heridos con víceras reventadas, huesos fracturados, todos en el jardín frente a los restos del Centro Médico.

Conocí a una mujer que contaba que ese día, acababa de mandar a sus hijas a la escuela, al Cultural. Mientras la tierra se movía, y contra todo sentido común, corrió a la azotea de su edificio, desde donde se veía la escuela. Dice que no se veía nada. Sentía el polvo en la nariz y no podía respirar. No podía ver qué había pasado con la escuela. Empolvada, angustiada y temerosa, salió de su edificio para correr hasta sus hijas. Afortunadamente, las encontró con vida.

Un amigo de mi madre estaba en el Hotel Regis. Salió a desayunar temprano, para ver, con horror, cómo se desplomaba el edificio.

El papá de una amiga ayudó a las labores de rescate en el Centro. Cuenta que había lugares que apestaban a muerte... Cuenta también que había lugares en donde sus pies chacualeban en sangre.

Recuerdo la historia de un profe: andaba por la Roma, se bajó de su coche y se puso a tratar de ayudar, como todo el mundo. Removiendo escombros, de pronto encontraron a un hombre. Al tratar de sacarlo de los escombros, les dijo: "no, esperen... mi hijo". Le ayudaron a sacar al niño. Mi profe lo recibió. Estaba muerto. Dice que eso cambió su vida. Ahora dirige una ONG que ayuda a niños de la calle.

Durante el segundo sismo, el único canal que se veía era el 3 de Puebla. Estabamos en Coapa. Vivíamos en el 2o piso de un duplex, pero no había manera de bajar, todo se movía. Los Scouts hicieron recorridos para recomendar que no prendieran velas, por las fugas de gas.

A pesar de la tragedia, fue un lindo día: la gente salió a las calles a tratar de ayudar a otros. Fue esperanzador.

1 comments:

Tomás Sampedro

Hola, llevamos trabajando en el documental “1985: HÉROES ENTRE RUINAS” mas de 2 años y creemos que es bueno recordar para aprender.

Durante este tiempo hemos tenido que ver, escuchar y leer muchas y muy duras historias sobre este triste momento de México y puedo hacerme una idea (porque no es lo mismo que haberlo vivido) de lo que pudo ser.

Lo que realmente me ha impactado desde que comenzamos a hacer este documental sobre la protección civil, ha sido ver cómo la gente se unió, como se ayudaron unos a otros y eso es lo que más me gusta del proyecto.

Queremos dar un homenaje como se merece a todas esas personas que ayudan a otras en situaciones de catástrofe. Aunque no se crean unos héroes… para nosotros lo son. ¡Muchas gracias HÉROES! :D

Aquí les dejo el tráiler para que puedan hacerse una idea sobre el documental.
https://www.youtube.com/watch?v=QReU11hQg1U