viernes, 14 de septiembre de 2012

Instrucciones para mantener distancia en una relación a distancia*

*El fracaso de la autora no indica el fracaso del método.

1. Siga las instrucciones para enamorarse. Póngase un reto interesante: el objeto de su afecto no debe tener más inconveniente para estar con usted que la distancia. Los casados y/o involucrados en una relación, en realidad no son un reto, porque la razón para mantener su distancia está a la vista. Elija cuidadosamente.

2. Asegúrese de que el objeto de su afecto viva a una distancia prudencial. Si usted puede llegar a casa de su otro significativo en trasporte público, este método no le servirá.

3. Asegúrese de que sabe muy bien cómo encontrar al objeto de su afecto a toda hora. Sus horarios de conexión a las redes sociales son importantes. Esto le servirá para establecer la relación. Recuerde, lo que usted quiere es la relación y la distancia. Cultívelas.

4. Mantenga conversaciones telegráficas durante el día. Pregunte qué está haciendo. Muestre interés, pero no sea entrometido. Nunca hable del futuro más que en términos hipotéticos. Esté presente siempre. Sea un vivo recordatorio de la relación y de que la distancia, por el momento, es un obstáculo.

5. Cuando hable con el objeto de su afecto, haga comentarios que lleven implícito el deseo de verle en persona. Si puede hacer que el comentario implique no sólo el deseo de verle, sino además verle pronto, logrará mayor efectividad. Es importante que nunca haga estos deseos explícitos, ni que establezca una fecha o un plazo. Usted no debe sentir la presión de que ese momento llegue, y su otro significativo no debe sentir que el momento se acerca.

6. Perfeccione sus técnicas de stalkeo. Recuerde: usted necesita motivos para mantener su distancia, pero también para mantener la relación. Si usted nota algún comportamiento fuera de lugar, o que indique que el objeto de su afecto coquetea descaradamente con alguien, termine la relación y siga las instrucciones para curar el mal de amores. Recuerde: una relación implica exclusividad, no importa que sea a distancia.

7. Si en cambio nota una falta de interés, haga drama. Tómeselo personal. Reclame con justa razón. Pregunte al objeto de su afecto por qué su vida no gira en torno suyo. Cuestiónele duramente. Si luego de uno o dos de estos dramas usted ahuyenta al objeto de su afecto, sabrá que no era la relación a distancia ideal para mantener la distancia.

8. Si en cambio, el objeto de su afecto sigue ahí, evite El Tema. El Tema consiste en “cuándo nos vamos a ver”. Usted puede capotear con elegancia el asunto arguyendo cuestiones de trabajo y/o dinero, pero si El Tema termina por ser inevitable, tendrá que hacer una de dos cosas:

9. Tome distancia. Cambie sus rutinas y, sobre todo, sus actitudes. Llegará el momento en que el objeto de su afecto perciba que le está perdiendo y querrá regresar al status quo anterior. Si usted puede mantener un ciclo interminable perpetuando esta situación, habrá logrado el éxito en mantener distancia en su relación a distancia.

10. Si por el contrario, El Tema le ha obligado a dar una fecha y un plazo, resígnese. En breve tendrá que darle la cara al objeto de su afecto y, con un poco de suerte, tendrá que seguir las instrucciones para amar a un hombre o entender a una mujer, y resignarse a ser feliz.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Pensé

Sad window, sad view, Jan Worden.

Pensé que pasaban las horas sólo porque seguía sola y no estabas aquí. Pensé que quizás el tiempo no pasa si lo paso pensando en ti. Pensé que tal vez pensabas que no te extraño ni te necesito. Pensé que no sé qué piensas. Nunca lo has dicho. Pensé que no llevamos en realidad mucho tiempo juntos. En realidad lo que importa no es el tiempo, pienso, sino lo que compartimos. Pensé que tenemos en común las palabras. En realidad sólo algunas, pienso, porque de tu “venís” a mi “vienes” hay un mundo de diferencia. Pensé que a pesar de esa diferencia, compartimos cosas. La música, el silencio, el pan y, sí, la prosa. Pensé que somos compañeros de las palabras y las cosas. Hay palabras que nos distancian, pienso, pero hay otras que nos juntan. Pensé, después de todo, que “te amo” aquí y allá es la misma cosa.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Nuestra Boda

Recién casados.
La maquilista me quedó mal, y tuve que peinarme y maquillarme con la ayuda de una amiga. La florista se olvidó del boutonnière de Rubén, mi tía y el lazo llegaron tarde, mi mamá mandó a mi papá a entregarme con el saco desabotonado, y una lista más o menos larga de percances más, en realidad nimios, ocurrieron el día de nuestra boda. Y pese a ello, creo que nunca había ido a una boda en la que me divirtiera tanto.

También pensé que iba a estar mucho más al pendiente de las nimiedades que de disfrutar el momento. O que estaría tan emocionada que lloraría todo el tiempo. Pero no: la verdad es que ni siquiera cuando el cursi, encantador y pinche Rubén leyó los votos que escribió para mí, ahí, frente a toda esa gente (la mayoría de la cual veía por primera vez), me ganaron las lágrimas, aunque estaba tan conmovida que ganas no me faltaron. En vez de eso, disfruté cada minuto, desde que salí con el vestido, lista para encontrarme con él para la sesión de fotos, hasta que volvimos a la habitación del Hotel Ancira (donde celebramos la fiesta y nos hospedamos) a descansar un rato. Todo, todo, todo, fue de cuento de hadas. Todo el tiempo sentí que estaba jugando, como cuando era niña y junto con mis primas jugábamos a ser “grandes”, y me divertí como nunca.

También pensé que a lo mejor un poco de distancia/tiempo me daría perspectiva para no tener una visión tan romántica de esos momentos. Pero no: a un mes sigo teniendo la misma sensación de que fue maravilloso, único e irrepetible, y si tuviera que vivirlo otra vez lo haría exactamente igual. (Quizá de eso le tengo que agradecer a Delia que estuvo ayudándome de cerca con todos los preparativos y además nos tomó las fotos). Tal vez el truco es ese: no presuponer nada, porque a fin de cuentas uno nunca sabe cómo va a sentirse o a reaccionar, hasta que las cosas pasan.

Y sigo pensado que fue la mejor boda.

martes, 11 de septiembre de 2012

En mi pueblo

De la Puna, Rubén Daltoé, 1965-1975.
Era una anciana que llegó al pueblo caminando. Fue hace tantos años, pero aún la recuerdo entrando en la plaza, cantando. Enredada en un rebozo, el pelo cano suelto al viento. En las manos arrugadas un bastón y la memoria de que algún día fueron hermosas. Le preguntaron de dónde venía, como si no se le notase en el rostro devastado. Le preguntaron a dónde iba, como si no la delatase la mirada de niña. Lo importante no era adónde iba, ni de dónde venía, sino quién solía ser y si amó algún día. Lo importante era el amor que le quedó en el cuerpo. El que no entregó. El que quedó incierto. Todavía puedo verla respondiendo sonriente: “soy de quien me amó, y a su encuentro me apuro”. Y así, apurada, dejó su alegría en la plaza de mi pueblo, y se fue a buscarlo. Ojalá lo haya encontrado.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Vamos a ser poesía


Te leo de día,
para encontrarte,
para sentirte
tomando mi mano,
para recordarme como siempre fui: tuya.

Te escribo de día,
para que calles,
para que me sientas
cerca de tu pecho,
para que me escuches con la piel y las manos.

Te leo de noche,
para dormirme,
para no dejar de imaginarte
esos ojos de sol,
para soñarte como si fueras mío.

Te escribo de noche,
para que me sueñes,
para que despiertes
con mi nombre en los labios,
para que amanezca mi risa en la luz de tu ventana.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Niebla


Esa mañana, la niebla era tan densa que se le metía en los ojos y podía mirar solamente un par de metros más adelante. Una llovizna ligera cubría toda la ciudad y el viento helado le hablaba de lo pequeña que era su alma dentro de su cuerpo. De lo poco que dejaba asomar entre sus párpados, para que la gente no adivinara ni sospechara nada. ¿Sospechar qué? Que por dentro tenía miedo. Que tenía dudas. Que le dolía el pedacito de alma que le quedaba. Entre la bruma, un hombre se le acercó. Un viejo cojo y desdentado, que se ayudaba con una muleta. Le sonrió con su boca desnuda. “Qué hermosa”, dijo, y como percatándose de su atrevimiento, añadió, “disculpe usted, es que tiene una mirada hermosa”. Sus ojos otra vez se llenaron de la misma niebla que se tragó al viejo desdentado, bajo las ruedas del colectivo.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Me hubiese gustado


Me hubiese gustado llegar a esa cita que tenías con la luna. Mirarte sentado en el tejado, con el gato negro en el regazo, y sin hacer ruido acercarme despacio. Me hubiese gustado estar ahí, en silencio, mientras tú y el gato le cantaban a la luna. Fumarme un cigarrillo y escuchar lo que nunca pudiste decir. Me hubiese gustado estirar la mano lo suficiente para rozar la tuya. Sentir la tibieza de tu piel y que supieras que yo también. También te esperaba. También te extrañaba antes de conocerte. También estaba pendiente de tus parpadeos. Me hubiese gustado romper el espejo con mis manos. Mirar las cicatrices y amar las heridas. Hacerte saber que sabía que eras tú y era yo, de otra manera. Me hubiese gustado encender la luz de tu mirada. Y es que la luz al final del túnel es la de tus ojos. Todavía. Siempre.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Tal vez



Tal vez seré la huella de la lluvia y tus lágrimas en un charco.
Quizá sólo tus lágrimas sin voz.
Tal vez seré tu voz cuando ya no te quede nada por decir.
Quizá sólo el sonido sin lugar y sin camino.
Tal vez seré tu camino cuando ya no tengas adónde ir.
Quizá sólo la brecha que se pierde entre la hierba, sin muro que la detenga.
Tal vez seré el muro en el que te romperás los puños.
Quizá sólo la fuerza de tus manos sin caricias y sin rosas.
Tal vez seré la rosa de todas tus espinas.
Quizá sólo la última espina en tu corazón.

Pero siempre, siempre te amaré.