viernes, 6 de abril de 2012

Quédate

Se habían conocido en la primavera de sus vidas. Apenas quince años, cuando es la última vez que las cosas importantes te pasan por primera vez. Como el amor. Se habían amado, quizá un poco demasiado temprano. Quizá un poco demasiado tarde, porque cuarenta días después, ella tuvo que marcharse. Quizá por miedo; tal vez por orgullo, pero él no pudo, no supo decirle quédate. Cuarenta años después volvió a verla. Demacrada y marchita. Quería decirle que aún la amaba, que volviera, que todo sería como antes. Quería decirle que todo volvería a ser igual. Que el tiempo no pasó nunca y que quería, todavía, pasar el resto de su vida con ella. Ella lo miró, irreconocible. Le sonrió a medias y se marchó, como siempre, sin mirar atrás. Él, por segunda y última vez en esa vida, no pudo decirle "no te vayas". Y la dejó irse para siempre.