sábado, 10 de septiembre de 2005

9/11/2001


No hay nada más natural, y más humano, que el miedo. Siempre he sido un animal nervioso y un tanto paranoico, y desde pequeña, la sensación de que hay algo extraño, pero muy vivo y al acecho, debajo de mi cama, me inspira un terror inexplicable. Además de eso, los ruidos de la noche, tan naturales en la jungla asfáltica, me hacen pensar en dos docenas de tragedias que pueden estar a la espera de atraparme. La sensación del miedo me persigue, aún hoy, cuando estoy en la cama.
El 11 de Septiembre de 2001 hubo un atentado, presuntamente perpetrado por terroristas islámicos, en contra del Centro Mundial de Comercio de New York, y contra el edificio del Pentágono en Washington D.C. En la televisión se repitieron una y otra vez, durante todo el día, las trágicas escenas de la masacre sin precedentes que ocurrió en la Gran Manzana. Los dos aviones impactándose contra las Torres Gemelas; gente saltando por las ventanas ante la desesperación, desde alturas inverosímiles; los dos edificios de cientos de pisos colapsándose y reduciendo a polvo a un par de miles de personas; las caras de los neoyorquinos presas del pánico, fueron evidencia del terror que marcó, no me cabe duda, a toda una generación.
Cuando era niña y el pánico se apoderaba de mí entre las sábanas de mi cama, me levantaba de puntillas para escabullirme en la cama de mis padres. A mi madre no la hacía nada feliz el hecho de que fuera a interrumpirle el sueño; mi padre en cambio me recibía junto a él, me abrazaba y acababa mágicamente con el miedo que me invadía.
La noche del 11 de Septiembre de 2001, me levanté de puntillas y me acurruqué entre los brazos de mi padre. Acababa de cumplir 22 años.

1 comments:

Carlos Orozco

En efecto, la tragedia para todos los neoyorquinos fue muy grande, pero había que analizar la razón de que tanto rencor se halla desatado en ese día, como por ejemplo, ¿por qué EU puede ser el policia del mundo y castigar a los países cuando el lo considera necesario y justo?
Le regresaron a EU el horror de todas las guerras que ha desatado en el mundo.